San Ambrosio

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San Ambrosio fue un gobernador a sus 30 años en Milán, y que fue elegido Obispo por el pueblo, por lo mucho que lo querían.

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Tuvo una labor inmensa en su cargo, componiendo hermosos cantos para enseñar a su pueblo y explicaba fragmentos de la Biblia y como se puede vivir en armonía conociendo las sagradas escrituras. Era un gran escritor y además conciliador de paz que ante cualquier conflicto, podía solucionar cualquier problema suscitado.

San Ambrosio realizaba una eucaristía a diario y una oración personal en sus ratos libres, incluso antes de dormir. Era un hombre que conversaba con Dios siempre mediante la oración. Realizo varias escrituras sobre la espiritualidad y a la par tuvo tiempo para atender a pobres y encarcelados que buscaban penitencia.

Nuestro santo falleció el 4 de abril de 1937 y en Milan y otros paises su festividad es celebrada el 7 de diciembre.

Frase de San Ambrosio

“He tratado de vivir de tal manera que no tenga que sentir miedo al presentarme ante el Divino Juez”

🙏Oración a SAN AMBROSIO 🙏

Señor Jesucristo, me acerco a tu altar lleno de temor por mis pecados, pero también lleno de confianza porque estoy seguro de tu misericordia.

Tengo conciencia de que mis pecados son muchos y de que no he sabido dominar mi corazón y mi lengua. Por eso, Señor de bondad y de poder, con mis miserias y temores me acerco a Ti, fuente de misericordia y de perdón; vengo a refugiarme en Ti, que has dado la vida por salvarme, antes de que llegues como juez a pedirme cuentas.

Señor no me da vergüenza descubrirte a Ti mis llagas. Me dan miedo mis pecados, cuyo número y magnitud sólo Tú conoces; pero confío en tu infinita misericordia.

Señor mío Jesucristo, Rey eterno, Dios y hombre verdadero, mírame con amor, pues quisiste hacerte hombre para morir por nosotros. Escúchame, pues espero en Ti. Ten compasión de mis pecados y miserias, Tú que eres fuente inagotable de amor.

Te adoro, Señor, porque diste tu vida en la Cruz y te ofreciste en ella como Redentor por todos los hombres y especialmente por mi. Adoro Señor, la sangre preciosa que brotó de tus heridas y ha purificado al mundo de sus pecados.

Mira, Señor, a este pobre pecador, creado y redimido por Ti. Me arrepiento de mis pecados y propongo corregir sus consecuencias. Purifícame de todos mis maldades para que pueda recibir menos indignamente tu sagrada comunión. Que tu Cuerpo y tu Sangre me ayuden, Señor, a obtener de Ti el perdón de mis pecados y la satisfacción de mis culpas; me libren de mis malos pensamientos, renueven en mi los sentimientos santos, me impulsen a cumplir tu voluntad y me protejan en todo peligro de alma y cuerpo.

Amén.

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