Oración del Salmo 104 – Dios cuida de su creación

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En el Salmo 104 se menciona a un Dios engrandecido, vestido de gloria y magnificencia. Aquel que hace de los vientos sus mensajeros, y fundó la tierra sobre sus cimientos. Quien envía las fuentes por los arroyos que dan de beber a todas las bestias de su campo. 

Se habla de un Dios que pone las tinieblas, y es la noche. Un ser con innumerables obras y que cada una de ellas ha hecho con total sabiduría. El único capaz de renovar la faz de la tierra, y al cual se le deben cantar salmos mientras se viva.

Indice de Contenidos

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🙏Oración Salmo 104🙏

Bendice, alma mía, a Jehová.
Jehová, Dios mío, ¡qué grande eres tú!
Te has vestido de gloria y de majestad.

Tú eres el que se cubre de luz como de vestidura,
que extiende los cielos como una cortina,

el que pone las vigas de sus altos aposentos en las aguas,
el que hace de las nubes su carroza,
el que anda sobre las alas del viento,

el que hace a sus ángeles espíritus
y a las llamas de fuego sus ministros.

Él fundó la tierra sobre sus cimientos;
no será jamás removida.

Con el abismo, como con vestido, la cubriste;
sobre los montes estaban las aguas.

A tu reprensión huyeron;
al sonido de tu trueno se apresuraron;

subieron los montes, descendieron los valles,
al lugar que tú les fundaste.

Les pusiste límite, el cual no traspasarán,
ni volverán a cubrir la tierra.

Tú eres el que envías los manantiales por los arroyos;
van entre los montes.

Dan de beber a todas las bestias del campo;
mitigan su sed los asnos monteses.

Junto a ellos habitan las aves de los cielos;
cantan entre las ramas.

Él riega los montes desde sus aposentos;
del fruto de sus obras se sacia la tierra.

Él hace crecer la hierba para las bestias,
y las plantas para el servicio del hombre,
para sacar el pan de la tierra,

y el vino que alegra el corazón del hombre,
y el aceite que hace lucir el rostro,
y el pan que sustenta el corazón del hombre.

Se llenan de savia los árboles de Jehová,
los cedros del Líbano que él plantó.

Allí anidan las aves;
en los cipreses hace su casa la cigüeña.

Los montes altos son para las cabras monteses;
las peñas, para madrigueras de los conejos.

Hizo la luna para los tiempos;
el sol conoce su ocaso.

Pones las tinieblas, y es la noche;
en ella corretean todas las bestias de la selva.

Los leoncillos rujen tras la presa,
y buscan de Dios su comida.

Sale el sol, se recogen,
y se echan en sus guaridas.

Sale el hombre a su labor,
y a su labranza hasta la tarde.

¡Cuán numerosas son tus obras, oh Jehová!
Las has hecho todas ellas con sabiduría;
la tierra está llena de tus creaciones.

Este es el grande y ancho mar,
en donde hay seres innumerables,
seres pequeños y grandes.

Allí surcan las naves,
y el leviatán que hiciste para que jugase en él.

Todos ellos esperan en ti,
para que les des la comida a su tiempo.

Tú les das y ellos recogen;
abres tu mano y se sacian de bien.

Escondes tu rostro, ellos se turban;
les quitas el aliento, fenecen
y vuelven a ser polvo.

Envías tu espíritu, son creados,
y renuevas la faz de la tierra.

Sea la gloria de Jehová para siempre;
regocíjese Jehová en sus obras.

Él mira la tierra, y ella tiembla;
toca los montes, y humean.

A Jehová cantaré en mi vida;
a mi Dios cantaré alabanzas mientras viva.

Sea mi meditación agradable a él;
yo me regocijaré en Jehová.

Sean consumidos de la tierra los pecadores
y los malvados dejen de ser.
Bendice, alma mía, a Jehová.
¡Aleluya!

Explicación del Salmos 104

Vídeo de la Oración del Salmo 104

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