Oración del Salmo 106 – La rebeldía de Israel

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En el Salmo 106 se inicia con la petición de alabar a Jehová, porque su misericordia es eterna. Se le pide que se visite con la salvación a quienes guardan juicio. Se habla como en Egipto sus maravillas no fueron entendidas, y el pueblo se rebeló. Pero, aun así, él los salvó.  

Se cuenta cómo se han rebelado ante él y como Dios ha tenido que ser justo en cada situación. La manera que al final todas las naciones se mezclaron, y dieron a conocer sus obras. Pueblo que, aunque muchas veces fue librado, este se rebeló ante su consejo.

Indice de Contenidos

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🙏Oración Salmo 106🙏

¡Aleluya!
Alabad a Jehová, porque él es bueno,
porque para siempre es su misericordia.

¿Quién expresará las obras poderosas de Jehová?
¿Quién contará sus alabanzas?

Bienaventurados los que guardan el juicio,
los que hacen justicia en todo tiempo.

Acuérdate de mí, oh Jehová, según tu benevolencia para con tu pueblo;
visítame con tu salvación,

para que yo vea el bien de tus escogidos,
para que me regocije en la alegría de tu nación
y me gloríe con tu heredad.

Hemos pecado como nuestros padres;
hemos hecho iniquidad; hemos cometido impiedad.

Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas;
no se acordaron de la multitud de tus misericordias,
sino que se rebelaron junto al mar, el mar Rojo.

Pero los salvó por amor de su nombre,
para dar a conocer su poder.

Y reprendió al mar Rojo, y se secó;
y los hizo ir por el abismo como por un desierto.

Y los salvó de manos del enemigo,
y los rescató de manos del adversario.

Y las aguas cubrieron a sus enemigos;
no quedó ni uno de ellos.

Entonces creyeron sus palabras,
y cantaron su alabanza.

Bien pronto olvidaron sus obras;
no esperaron su consejo.

Se entregaron a un deseo desenfrenado en el desierto,
y tentaron a Dios en el yermo.

Y él les dio lo que pidieron,
pero envió flaqueza en sus almas.

Tuvieron envidia de Moisés en el campamento,
y de Aarón, el santo de Jehová.

Se abrió la tierra y tragó a Datán,
y cubrió al grupo de Abiram.

Y se encendió fuego contra su grupo;
la llama consumió a los malvados.

Hicieron un becerro en Horeb,
y adoraron una imagen de fundición.

Así cambiaron su gloria
por la imagen de un toro que come hierba.

Olvidaron a Dios, su Salvador,
que había hecho grandes cosas en Egipto,

maravillas en la tierra de Cam,
cosas formidables junto al mar Rojo.

Y dijo que los habría destruido
de no haberse interpuesto Moisés, su escogido, en la brecha delante de él,
a fin de apartar su ira para que no los destruyese.

Sin embargo, aborrecieron la tierra deseable;
no creyeron en su palabra,

sino que murmuraron en sus tiendas,
y no escucharon la voz de Jehová.

Por tanto, él alzó su mano contra ellos,
para derribarlos en el desierto,

y abatir a sus descendientes entre las naciones,
y dispersarlos por las tierras.

Se unieron asimismo a Baal-peor
y comieron de lo sacrificado a los muertos.

Y provocaron la ira de Dios con sus obras,
y se desató la mortandad entre ellos.

Entonces se levantó Finees y ejecutó juicio,
y se detuvo la plaga.

Y le fue contado por justicia,
de generación en generación para siempre.

También le causaron enojo en las aguas de Meriba,
y le fue mal a Moisés por causa de ellos,

porque hicieron que se amargase su espíritu,
y habló precipitadamente con sus labios.

No destruyeron a los pueblos
como Jehová les había mandado,

sino que se mezclaron con las naciones,
y aprendieron sus obras

y sirvieron a sus ídolos,
los cuales les fueron por tropiezo.

Y sacrificaron a sus hijos y a sus hijas a los demonios,

y derramaron sangre inocente,
la sangre de sus hijos y de sus hijas,
que sacrificaron a los ídolos de Canaán;
y la tierra fue contaminada con sangre.

Se contaminaron así con sus obras,
y se prostituyeron con sus hechos.

Se encendió, por tanto, la ira de Jehová sobre su pueblo,
y aborreció su heredad.

Y los entregó en manos de las naciones,
y los que los aborrecían se enseñorearon de ellos.

Y sus enemigos los oprimieron,
y fueron subyugados bajo su mano.

Muchas veces los libró,
mas ellos fueron rebeldes en su propio consejo,
y fueron humillados por su iniquidad.

Él, con todo, miraba cuando estaban en angustia
y oía su clamor;

y se acordaba de su convenio con ellos,
y tenía compasión conforme a sus muchas misericordias.

Asimismo, hizo que tuviesen misericordia de ellos todos los que los tenían cautivos.

Sálvanos, oh Jehová, Dios nuestro,
y recógenos de entre las naciones,
para que alabemos tu santo nombre,
para que nos gloriemos en tus alabanzas.

Bendito sea Jehová, Dios de Israel,
de eternidad en eternidad;
y diga todo el pueblo: Amén.
¡Aleluya!

Explicación del Salmos 106

Vídeo de la Oración del Salmo 106

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