Oración del Salmo 40 – Dios es mi liberación

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David en el Salmo 40 hace saber cuán paciente esperó por Jehová, y como éste oyó su clamor y se inclinó ante él. Lo sacó de la desesperación, enderezó sus pasos. Puso en sus labios la alabanza a nuestro Dios. Pues sabe que el hombre que pone su confianza en él, no mira a soberbios ni es desviado por mentiras. 

Reconoce que hacer su voluntad realmente le ha agradado, y su ley ha quedado en su corazón. No pretende ocultar su justicia, ni negar su fidelidad. Mucho menos no compartir la salvación. Pidiendo que ahora lo socorra más que antes, pues muchos males intentan alcanzarlo.

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🙏Oración Salmo 40🙏

Pacientemente esperé a Jehová,
y él se inclinó a mí y oyó mi clamor.

Y me sacó del pozo turbulento, del lodo cenagoso;
y puso mis pies sobre una roca y enderezó mis pasos.

Y puso en mi boca cántico nuevo, canto de alabanza a nuestro Dios.
Muchos verán esto y temerán,
y confiarán en Jehová.

Bienaventurado el hombre que pone en Jehová su confianza,
y no se vuelve a los soberbios ni a los que se desvían tras la mentira.

Muchas son, oh Jehová, Dios mío,
las maravillas que tú has hecho,
y muchos tus pensamientos para con nosotros.
Nadie hay que se compare contigo.
Si yo los anunciara y hablara de ellos,
no podrían ser enumerados.

Sacrificio y ofrenda no te agradan;
has abierto mis oídos;
holocausto y ofrenda por el pecado no has pedido.

Entonces dije: He aquí, vengo;
en el rollo del libro está escrito de mí;

en hacer tu voluntad, Dios mío, me deleito,
y tu ley está dentro de mí.

He anunciado justicia en la gran congregación;
he aquí, no he refrenado mis labios, oh Jehová; tú lo sabes.

No he escondido tu justicia dentro de mi corazón;
tu verdad y tu salvación he proclamado;
no he ocultado tu amorosa bondad ni tu verdad en la gran congregación.

Tú, oh Jehová, no retengas de mí tus tiernas misericordias;
tu amorosa bondad y tu verdad me guarden siempre.

Porque me han rodeado males sin número;
me han alcanzado mis iniquidades y no puedo levantar la vista.
Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y el corazón me falla.

Ten a bien, oh Jehová, librarme;
Jehová, apresúrate a socorrerme.

Sean avergonzados y confundidos a una
los que buscan mi vida para destruirla.
Sean vueltos atrás y sean avergonzados
los que mi mal desean.

Sean desolados en pago de su vergüenza
los que con burla me dicen: ¡Ajá, ajá!

Regocíjense y alégrense en ti todos los que te buscan,
y digan siempre los que aman tu salvación:
¡Jehová sea engrandecido!

Aunque yo esté pobre y necesitado,
el Señor pensará en mí.
Mi ayuda y mi libertador eres tú;
¡Dios mío, no te tardes!

Explicación del Salmos 40

Vídeo de la Oración del Salmo 40

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