Oración a San Anselmo para Curar mis Ulceras y Pecados

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San Anselmo de Canterbury nació en 1034 en Aosta, Italia. Pertenecía a una familia acomodada de la región. Su padre era un noble, mientras que su madre era familiar de Otón I de Saboya.

La madre de Anselmo fue la encargada de enseñarle todo lo relacionado con el catolicismo, por lo que desde temprana edad realizaba prácticas religiosas.

San-Anselmo

Desde los quince años quiso ingresar al monacato benedictino, ya que era un joven estudioso y, sobre todo, religioso. Además, abandonó su hogar como consecuencia de un grave conflicto con su padre. 

Realizó algunos estudios sobre latín y retórica en distintas ciudades antes de ingresar a la Orden Benedictina, donde permaneció varios años.

En 1077 escribió Monologium, uno de sus libros más importantes. En él destaca a Dios como un Ser Supremo, estudiando sus atributos, todo esto influido por San Agustín de Hipona. Un año después escribe Proslogium, un libro en el que plantea el argumento ontológico acerca de la existencia de Dios.

Siendo todavía monje benedictino, es nombrado abad de Santa María de Bec en Normandía en 1078. Allí se encargó de predicar la palabra de Dios y también de reformar la vida monástica.

Tiempo después, en 1093, es elegido arzobispo de Canterbury, una pequeña ciudad ubicada al sureste de Inglaterra. Estuvo en el cargo durante 16 años hasta su muerte en 1109.

Como arzobispo de Canterbury, San Anselmo luchó por las libertades de la Iglesia, llegando a enfrentarse directamente con los reyes Guillermo II y Enrique I a causa de sus reformas. Por esa razón, fue exiliado en dos ocasiones.

Murió en 1109 en Canterbury luego de padecer diferentes enfermedades. Posteriormente, en 1720, Clemente XI lo declara doctor de la Iglesia por haber dedicado gran parte de su vida a Dios.

📅 ¿Cuando se celebra a San Anselmo?

Su día de celebración es el 21 de Abril

Oraciones a otro Santos por la Sanidad de mi cuerpo

🙏 Oración a San Anselmo🙏

¡Oh bendita entre todas las mujeres,
que vences en pureza a los ángeles,
que superas a los santos en piedad!

Mi espíritu moribundo aspira
a una mirada de tu gran benignidad,
pero se avergüenza al espectro
de tan hermoso brillo.

¡Oh Señora mía!,
yo quisiera suplicarte que,
por una mirada de tu misericordia,
curases las llagas y úlceras
de mis pecados;
pero estoy confuso ante ti
a causa de su infección y suciedad.

Tengo vergüenza,
¡oh Señora mía!,
de mostrarme a ti
en mis impurezas tan horribles,
por temor de que tú
a tu vez tengas horror
de mí a causa de ellas,
y sin embargo, yo no puedo,
desgraciado de mí,
ser visto sin ellas.

Amén.

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